Nunca digan en ausencia de su prójimo, lo que no dirán en su presencia

Si alguna vez en la vida haz sufrido por los chismes que los demás cuentan a tus espaldas entonces debes saber que lo más fácil en el mundo es criticar a las espaldas de los demás. Pero te digo que no debes esperar que los demás cambien y dejen de fijarse en los demás, porque eso depende de cada persona.

Lo que debes hacer es iniciar el cambio en tu propia personalidad, y esto trascenderá en el comportamiento de los demás, porque no se enseña nada si no se da el ejemplo primero.

¿Un cura puede enseñarte como ser un buen esposo?

¿Un profesor de matemáticas puede enseñarte a ser un empresario exitoso?

¿Una ama de casa puede enseñarte a hablar en público?

Solamente las personas que han vivido y experimentado el éxito en su vida familiar y profesional, pueden enseñarte a ser exitoso.

Por esta razón te digo que primero practiques el respeto hacia tu prójimo, es decir, que no hables mal de nadie a sus espaldas y si tienes que decirle algo sobre su actitud, es mejor que lo hagas personalmente y con mucho tacto para que entienda el mensaje y no se deje llevar por sus emociones.

La regla que siempre debes aplicar es la siguiente:

Imagina que todo lo que les digas a tus familiares, amigos y compañeros de trabajo saldrá en el periódico de mañana con exageraciones y malinterpretaciones.

No confíes en ninguna persona y no hables de tus sentimientos negativos hacia otras personas, porque al final todo lo que digas hará daño a más de una persona, porque a los hombres y a las mujeres nos gusta HABLAR.

Siempre trata de hablar y expresar tus ideas de forma clara y sin lugar a malinterpretaciones, si vas a criticar a alguien es mejor que dejes de perder el tiempo y comiences a preocuparte por tu bienestar físico, mental y emocional.

Cada persona tiene un grado de inteligencia que le permite vivir en sociedad, confía en tu prójimo y ayúdale cuando te pidan ayuda, no ofrezcas ayuda al que no te pidió nada y no te sientas superior a nadie, suficiente tienes con tus propios problemas.

Confía en que tu prójimo es capaz de salir de sus dificultades, sin tus “sabios” consejos.



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